Crónica de un engaño en El Cuaderno de Bitácora

Este PP murciano como en la obra de Alberti es como la confluencia irracional de dos tiempos, uno deseado, que se retuerce y es ligero sin terminar de llegar, prometido y anhelado, y otro pasado y pesado hundiendo los pasos en la arena de la dignidad  

Crónica de un engaño en El Cuaderno de Bitácora

CRONICA DE UN ENGAÑO

Podría ser el título de una novela aspirante al premio Planeta, o un telefilme dominguero por soporífero, pero es nuestra cruda y penosa realidad, la del PP, la de Murcia, la de la mentira y la conjura, y por extensión, la de todos los que ocúpanos espacios en esta tierra, murcianos en general y Cartageneros en particular. Ésta es la de un presidente marcado por la duda y su involucración en numerosos sumarios, un presidente que se aleja del ideario que cualquiera ratificaría, pero es impuesto por una horda de políticos que han hecho de este trabajo social, de gestión y de servicio al ciudadano su modo de vida y nada barato.

Todos tienen sus adeptos, ora por recoger viandas, ora por un saludo escamoteado –los hay-, oro por idiotas, ora por peleles…, y nosotros, espectadores engañados y tristemente sometidos. Decía Calderón en su obra La hija del aire, “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”, y sin querer ya pensaba él hace siglos en esta orgía de despropósitos políticos, en esta bacanal desvergonzada de dignidad, en esta farsa teatral de argumentos y de seriedad.

No hay diálogos entre besugos que diría Alberti en la obra retomada de Calderón, la del tonto, ironía y sabiduría. El Gordo y el Flaco tomado de su recurrente obra, solo monólogos entrelazados, a cada uno lo suyo, el pueblo, el votante ensimismado en la creencia de la desesperanza política y algunos en su turbadora por pútrida esperanza deshonesta. Nos han destrozado la dignidad, y la ilusión, ¿y la culpa? …, es la recurrente cascara de plátano, o de los técnicos, aunque algunos con sueldos escandalosos.

Es el símil como la actitud de Valcárcel y sus seguidores, desconcertante ante la primera lectura del relato de Alberti, pero perfectamente ordenada y reconocida con el tiempo, lógica, su lógica, en este caso mantener las alfombras tapadas, lo que nos da la sensación de la mierda que puede haber debajo, ¿por qué no levantarlas?, ¿por qué matar políticamente la bayeta y el aspirador?, ¿por qué vetar a Garre? Nos han quitado hasta las ganas de llorar, como en el poema, y sobre todo las de merendar…, ojo, la ironía no proporciona ningún consuelo más allá del momento de expresarla, solo más impotencia, como el pan de ácimo en la Última Cena, al final no significa nada a pesar del protagonismo del cuerpo…, la triste realidad se impone. Como decía Alabarte, y en esta región, “es que a mí me preocupa mucho el silencio y la astronomía, // y la velocidad de un caballo parado, y la inmovilidad de los trenes expresos que predicen la futura muerte del tranvía…, el estancamiento.

El Charlot de Alberti, en su segunda irónica genialidad sobre el dos veces tonto, es un vagabundo que recorre el devenir de las épocas, con una bruma de melancolía decorativa, insípida e impotente ante el transcurso del tiempo. Así nos sentimos algunos críticos ante tanta herrumbre política, desfachatez e ignorancia, como el tiempo de Alberti y Charlot en este semi absurdo poema, donde se contrae y dilata el pasado con el presente y el futuro, se apelmazan sin cronología como nuestras sentencias políticas, hoy puestas en tela de juicio más que nunca gracias a fiscales y jueces politizados por designios del Ejecutivo, y esto es un hecho amenazante, con partidos conservadores cono este no necesitamos los postulados venezolanos de Podemos. Da igual, la insurrección de lo prometido es ya una constante en el contexto actual, la mentira es una premisa insalvable. Este PP murciano como en la obra de Alberti es como la confluencia irracional de dos tiempos, uno deseado, que se retuerce y es ligero sin terminar de llegar, prometido y anhelado, y otro pasado y pesado hundiendo los pasos en la arena de la dignidad. Y termino con Buster Keaton que busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca, otra ironía de la obra de Alberti basada en la de Calderón en la que yo me baso, “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

La búsqueda de Buster Keaton por el prado, es la perfecta e irónica por triste analogía de la vergüenza en esta región y en este país, la vaca, la dignidad o la sustancia vital que nos da esperanza y nos quebranta con la mentira, una farsa consentida y una mentira grande, enorme donde no caben ya nuestros zapatos, ¿Eres una dulce niña o una verdadera vaca?

Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca. // Tu papa, que eras una dulce niña. // Mi corazón, que eras una verdadera vaca. // Una dulce niña. // Una verdadera vaca. // Una niña //Una vaca. // ¿Una niña o una vaca? // O ¿una niña y una vaca? // Yo nunca supe nada. ¿La vergüenza o la niña de Rajoy interpretada estelarmente por Valcárcel y su delfín?

Tenebroso centro mío; // Que voy a ser racional, // Ya que hasta aquí bruto he sido. //Ea, vuelve tu a guiarnos. (El villano gracioso, Chato) En cuanto a “yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”, no sé si he de acertar el camino. Contigo la llevas…, Calderón de la Barca, La hija del Aire.

Andrés Hernández Martínez

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