El nuevo Mesías, en el Cuaderno de Bitácora

La creencia religiosa exige de un vasto esfuerzo de compromiso imaginativo y emocional, lo que es, sin duda, bastante difícil si uno todavía esta atontado por las pastillas de la noche anterior

El nuevo Mesías, en el Cuaderno de Bitácora

EL NUEVO MESÍAS

“Yo no tengo pasta de apóstol ni de mesías. No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado”, esta frase de Salvador Allende parece que no está en el decálogo de Podemos y sus acólitos, pues su líder tiene alma de mesías y espíritu de caudillo, pero de secta o de sexta…, son muy mediocres.

Como en todo hay analogías pretendidas y las analogías de los mesías de plastilina con el Redentor son interesadamente concurrentes y siempre banalmente recurrentes, producto de la egolatría de estos personajes de mercadillo. Si bien el Creador nació de la herrumbre social del momento, de la persecución y el sometimiento, de la necesidad de esperanza, este con coleta se ha beneficiado cual parásito carroñero, de la herrumbre social de una crisis emanada de la corrupción y el desenfreno político, se los ganó con mensajes sectarios y embaucadores y con el tiempo se han demostrado que solamente eran simples mentiras. La única verdad, es que proceden del régimen más parasitario de nuestro sistema vital educativo, han sido formados con beneficios y sin esfuerzos, con prebendas y sin responsabilidades y así lo agradecen.

Como todos los mesías de pacotilla, este Iglesias se ampara en la violencia descubierta y justificada para culminar su errático mensaje, “el cielo se gana con la violencia”, ojo…, la tierra también y la marabunta ruge, y cuando ruge, los alpargateros de la política radical huyen. No son más que lamentables anarquistas antisistema que se mueven en grupos, como los delincuentes callejeros, una secta al uso que amparan a terroristas y asesinos en su apología de la libertad, la genética es invulnerable, y hacen de los violentos pro-víctimas, como los terroristas de Alsasua o los voceríos permanentes por los encarcelados de ETA, apostar por los populismos dictatoriales y hacer del caos su forma de vida, es un hecho. Estos de la secta morada ayudan a dilapidar la hegemonía nacional para su autócrata y fascista dirección, mientras le den protagonismo barato y sacien su ego malversado por desfalcos y con mordiscos revolucionarios son felices, son como los “zelotas” dentro de los antiguos fariseos, e invaden alguna capilla con gestos soeces propios de su espíritu vulgar y chabacano, pero solo en torno a lo cristiano y permitido, son cobardes, hoy llenan el Congreso a modo da antiguo Sanedrín con el mercadeo ordinario como verdadera casta publicana de secta, de escribas paganos, y no son ni ancianos aunque comulguen con el fracasado y rancio leninismo del siglo pasado, ni sumos sacerdotes a pesar de creerse líderes espirituales de la falsedad, son guiñoles profanando y banalizando el corazón del Estado.

Una secta en la que su mesías disimula de mentira y en paralelo el sacrifico del Redentor, debería sufrirlo de verdad, ya que, al igual que Él le ocurrió, a todos nos gustaría ver como en su liderazgo el peso de la corona de espinas que sustenta en benéfico de esa clase de fariseos pobres, aspirante a ricos o a la casta casposa, le hiere y corrompe el semblante. Como es azotado sin pudor hasta sangrar y sangrar, y como traslada la dura y pesada cruz en la que justifica sus acciones frívolas, amparadas por la usura autócrata venezolana y la dilapidación colonialista persa, y así, a giro de agarrotada tuerka, llegar hasta el monte Calvario, cima de la soberbia del falso mesías donde, a modo de metafórica crucifixión le esperan los dos ladrones, sus colegas de partido, Monedero y Echenique, el caradura estafador y el explotador desagradecido, pero ellos se lo pueden permitir. Como centurión, un Longinos representado en el penitente Pedro Sánchez. Los Judas, en busca de una horca como la de Errejón o el ex general Rodriguez, príncipe de las tinieblas moradas, que ha hecho de la perfidia su bandera.

No falta el corro de santas plañideras en la irónica estampa, donde las magdalenas hacen justicia a la más ruin de las leyendas, pero sin arrepentimiento, perfumes olorosos y olor a hierba quemada con lágrimas de cocodrilo que atemperan el dibujo sarcástico de sus ofensivas estampas, desnudas y postradas ante su mesías de plástico y líder de alquiler, como en un telefilme de domingo. Es Cuaresma, y el podemita no resucitará, ni sábado, ni domingo, ni lunes…, es un fracaso, es una mentira basada en la frustración y la envidia, no hay humildad ni sacrifico, la divinidad de estos personajes es de pladur y como tal es frágil, la mentira se hace eterna en su mundo y la ceguera política es efímera por mentirosa, y pasa factura enviando al olvido al mequetrefe embaucador.

Es Semana Santa y mientras estos tontos de capirote de la cofradía del santo fracaso, que visten de morado y sin procesionar, hacen permanente alabanza del ateísmo y la irreligiosidad, solo la cristiana, al resto la temen como cobardes que son, me viene a la tecla una cita del británico Ballard donde afirmaba que “la creencia religiosa exige de un vasto esfuerzo de compromiso imaginativo y emocional, lo que es, sin duda, bastante difícil si uno todavía esta atontado por las pastillas de la noche anterior”. No es más que humor negro…

Andrés Hernández Martínez

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