Tonto el último, lo nuevo de Cuaderno de Bitácora

“La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo”

Tonto el último, lo nuevo de Cuaderno de Bitácora

TONTO EL ÚLTIMO

La corrupción está de moda, como la revolución de los perro flautas, la sedición de los mediocres y el alzamiento independentista pútrido. Al final, todo es lo mismo, ex presidentes, ex alcaldes, ex concejales, ex directores generales, ex personajes con poder en general, aspirantes a tener ese poder para corromper su dignidad y la de los engañados que, basándose en su alma de delincuente y en su analfabetismo profundo, en su falta de valores y decencia, hacen del cargo un amasijo de apaños interesados, pero son los pocos, son como feudalmente en el medievo ostentaban, el derecho de pernada, y sin ser misóginamente comparativo, ese derecho metafórico, hoy se mantiene en la mente de nobles, paranobles y aspirantes a nobles, solamente descubierto por el propio abuso, el desmedido enriquecimiento impropio y la soberbia de estos, la de nuestros políticos de pacotilla.

Criticamos con beligerancia y cabreo la corrupción implantada, el saqueo, el robo, la piratería y sobre todo el amiguismo en las altas, medias y bajas esferas de este país, pero no dejan de ser injustificablemente un reflejo de una sociedad que valora de forma sustancial la picardía y la pillería antes que la honestidad y la honradez. España vive desde el siglo de oro bajo el paraguas social del “tonto el último”, cultura y modos de vivir muy arraigada en esta España de pandereta, de sol y cañas, tal que parece ser que el que no se aprovecha es tonto o gilipollas, y no estaba mal visto utilizar los medios que estén a nuestro alcance en propio beneficio, o lo que es lo mismo, se trata de ser espabilado, nos joda o no, es nuestra cultura y desarraigarla va a costar, y aquí no hay distinción de clases, colores o partidos, los socialistas en los ERE´s, los podemitas burlando la Seguridad Social, evadiendo y evitando a Hacienda y especulando inmobiliariamente, buscando protagonismo a través de espectáculos circenses en los medios. El PP, de nota, más tiempo gobernando, más corruptos, proporcionalidad directa. Ciudadanos no se escapa, lo tildaría como un nuevo partido con una vieja y pesada carga, sus filas aglutinan personajes sospechosos, como los otros Sánchez (Antonio), y algún expulsado como Mut en Valencia. Lo dicho, nadie se escapa. Todos los que llegan a un espacio de poder, con más o menos populismo se engrandecen subjetivamente y se empequeñecen objetivamente, demuestran su oropel más pagano, sus vicios más ocultos y sus armas de interesada seducción, como en la obra del licenciado Gregorio Gonzalez de 1604, ya apuntábamos maneras…, “El Guiton Honofre”.

Ser yerno del rey daba aristocráticamente solvencia para hacer tratos y traficar con su imagen, con la influencia que implica y, sobre todo, genera beneficios, para todos, todo se vende y todo se compra y en la mente del sujeto o sujeta no se delinque, se hace un favor, naturalmente. Ser dirigente de una comunidad autónoma o taifa española al uso, propicia el mercadeo de favores, siempre poniendo el cazo, mordidas, interés, comisión…, se generan faraónicas infraestructuras inútiles e inoperativas como aeropuertos, resorts, desoladoras. En las más caracterizadas se consiguen trenes al gusto, en las más serviles, la nada, como esta taifa murciana. Se traiciona el erario público en empresas independentistas sin futuro y más estúpidas que absurdas como es en Cataluña, eso sí, dejando el diezmo para los pensadores y gestores, aquí y fuera, en Venezuela, en Irán, en Panamá o en Andorra, y todo esto con la ceguera del necio y la degradación del tonto, pero al final revienta.

También somos cómplices en las urnas los doblegados votantes que, en una amalgama de desmesuras, estupideces, y voceríos de corrala, hemos de elegir representantes y, hace décadas que es el menos malo pues, bueno no hay ninguno. Alguien dijo por ahí que los pañales y los políticos hay que cambiarlos a menudo, razón tenía, la mierda huele pronto.

Y “Asinque, abonico, abonico” nos acercamos a la tierra de Aníbal, donde se estableció y hoy mora el populismo más chabacano y ordinario, pasando por el teatro de Murcia y no el Romea, San Esteban y su desvergonzada farsa política, una farsa que se mantiene activa y de la que el rancio PP de Valcárcel es culpable, gracias a la incompetencia de una oposición sociata desnutrida y chabacana, rústica por ordinaria. No se entiende como en este país puede gobernar el PP por la corrupción implícita, hasta que vemos la “oposición”, y lo entendemos todo. Sumamos unos nuevos políticos pagafantas, abrazafarolas y sobre todo los actores callejeros o circenses, emanados del caos y de la miseria en la que nos hemos instalado, vividores de la desgracia y oportunistas sin conciencia, pero no se alejan de la vieja política ya que la añoran y la quieren, y la abrazan, y la comparten, y de eso la historia es cruel notario. No estar a la altura es otra forma de corrupción y esta abunda, quizás sea más bien prostituir el desempeño político y la confianza del pueblo, y de eso, en esta comunidad de cuyo nombre no quiero acordarme y en esta localidad somos, por desgracia, maestros ejemplares.

Si ya el investigado, o como se defina el adjetivo doloso ex presidente y ojo, se sabe cómo se empieza pero no como se acaba, y siempre puede ir todo a peor, era ya una persona nefasta al cargo, por tus actos te juzgaran que decían las escrituras, el delfín es más de lo mismo, la desvergüenza llama al timbre de la Asamblea Regional pretendiendo vender enciclopedias en tiempo de internet, y con los pagafantas como aliados tendremos más fraude político en esta región, los teatros de guiñol, las marionetas de plastilina, los héroes de paja, arden y desaparecen con prontitud. Desvergüenza y fraude, ese es el binomio del PP en demasiadas plazas. ¿Para cuándo una regeneración que acalle a los bocazas? Malos tiempos para la lírica política española y para los españoles de bien.

“La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo”, Eduardo Galeano.

Andrés Hernández Martínez

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